Formación espiritual

 

Presentamos en este documento el objetivo general y los objetivos específicos de la formación espiritual en cada una de las etapas del proceso de formación

 

Objetivo general de la Formación Espiritual

 

Como dice el Decreto "Optatam Totius" del Concilio Vaticano II sobre la formación sacerdotal:

 

"La formación espiritual ha de estar estrechamente unida a la doctrinal y pastoral, y, con la colaboración sobre todo del director espiritual, debe darse de tal forma que los alumnos aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo.

 

Habiendo de configurarse a Cristo Sacerdote por la sagrada ordenación, habitúense a unirse a El, como amigos, con el consorcio íntimo de toda su vida. Vivan el misterio pascual de Cristo de tal manera que sepan iniciar en él al pueblo que ha de encomendárseles.

 

Enséñeseles a buscar a Cristo en la fiel meditación de la palabra de Dios, en la activa comunicación con los sacrosantos misterios de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía y el Oficio divino; en el Obispo, que los envía, y en los hombres a quienes son enviados, principalmente en los pobres, los niños, los enfermos, los pecadores y los incrédulos. Amen y veneren con filial confianza a la Santísima Virgen María, a la que Cristo, muriendo en la cuz, entregó como Madre al discípulo" (OT,8). 

 

En la formación espiritual debemos subrayar nuestro amor a la Iglesia de tal manera "que unidos con humilde y filial caridad al Vicario de Cristo, y, una vez sacerdotes, con la adhesión a sus propios Obispos, cuales fieles colaboradores, y trabajando aunadamente con los hermanos, den testimonio de aquella unidad que atrae a los hombres a Cristo. Aprendan a participar con amor dilatado en la vida de toda la Iglesia, según el aviso de San Agustín: 'En la medida que uno ama a la Iglesia de Cristo, posee el Espíritu Santo'" (OT,9). 

Es importante ser conscientes que estamos llamados a ser hombres de Iglesia, es decir, hombres configurados con Jesucristo Pastor para el servicio del Pueblo de Dios, movidos por la caridad pastoral, y con un amor preferencial a los pobres de Jesucristo. "Porque donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y la totalidad de la gracia" (San Ireneo).

 

Objetivos específicos por Etapas

 

Si bien el objetivo final de toda la formación es llegar a identificarse con Jesucristo Pastor, es evidente que a este objetivo se llega por etapas y que en nuestro Seminario hemos de atender a la formación cristiana desde los inicios para no dar por supuestos logros que no siempre están conseguidos antes del ingreso.

 

Por eso, entendemos que son objetivos primeros e inmediatos la consecución por parte de los seminaristas de la experiencia de Dios, del conocimiento profundo de Jesucristo, del proyecto personal de seguimiento de Cristo. En esta experiencia cristiana fundamental, por la acción del Espíritu, han de integrarse todas las dimensiones de la vida personal: afectividad, vida comunitaria, estudios, actividad pastoral, etc. De modo que la necesaria unificación psicológica de la persona se realice precisamente a partir de la experiencia de Dios Padre, por Cristo, en el Espíritu.

 

Dado, por otra parte, el carácter progresivo de toda experiencia cristiana y del proceso de la maduración vocacional, fijamos estos objetivos más concretos para cada una de las etapas del Seminario:

 

Año de Humanidades

 

1. Para el Año de Humanidades, la iniciación a la oración personal y comunitaria, proporcionándoles conocimiento sobre estructuras, condiciones y métodos básicos de oración.

 

Al mismo tiempo, objetivo de este año es que los alumnos despierten al significado de tomar las riendas de la propia vida en libertad, dejándose conducir por el Espíritu de Dios, en cumplimiento de la voluntad del Padre. Los hábitos de silencio y reflexión han de ser especialmente inculcados en esta etapa, apoyándolos y acompañándolos desde la dirección espiritual, en la que se ha de iniciar a los jóvenes.

 

Bienio de Filosofía

 

2. En el Bienio de Filosofía es preciso atender, sobre todo, a la formación integral del hombre cristiano. Se atenderá por tanto al crecimiento en las virtudes humanas (sinceridad, transparencia, honradez, responsabilidad, orden en la propia vida, autoestima, libertad frente a imposiciones sociales y a compulsiones internas, etc.) y muy particularmente al ahondamiento en la experiencia cristiana: conocimiento vivencial del Credo, con la relación personal con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la Iglesia y para el Reino; el ahondamiento, por tanto, en la experiencia de oración y en el ejercicio de las virtudes teologales y morales, así como en el cumplimiento de los Mandamientos.

 

Consideramos esta etapa como una especie de catecumenado, sin excluir, por supuesto, la profundización en las motivaciones vocacionales en orden a una decisión madura antes de entrar en la teología.

 

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